El niño que fuiste ayer
Una vez leí una frase que me gustó mucho y me hizo reflexionar “¿Qué pensaría el niño que fuiste algún día, del adulto que eres hoy?” Afortunadamente para cuando lo leí tenía resueltas muchas circunstancias conmigo misma, y por consecuencia estaba a gusto con mi “yo” adulto.
Por Lizzy Santoyo / @Lizzysa
Sin embargo, llegar a ese punto ha sido toda una aventura, primero fue el escuchar sobre el niño interno, que no significa el actuar con inmadurez, actuar sin pensar en las consecuencias, o reaccionar. Descubrí que el niño interno es parte de la personalidad (Adulto que desarrollamos al crecer y niño que llevamos dentro), es el cúmulo de experiencias que vivimos de niños y la forma en que asignamos valores a ellas. En base a ello el niño interior puede estar feliz y satisfecho o dolido y triste. Lo ideal es tener ambas personalidad en armonía, conectadas.
¿Cómo influye nuestro niño interno? Según Louise Hay y muchos otros terapeutas, coinciden en que casi todas nuestras creencias y patrones de comportamiento, tanto negativos como positivos, fueron aceptados inconscientemente cuando teníamos entre 3 y 5 años. A partir de entonces, nuestras experiencias se han basado en lo que aceptamos como verdad desde aquella época de nuestra vida.
Nuestra personalidad adulto-niño cuando se encuentra desconectada, es decir que el niño interior requiere amor por parte del adulto; sin embargo a veces al no encontrar esa aprobación reacciona con ira o reprime sus sentimientos en silencio. Estar desconectado es convertirse en el adulto que de niños odiamos. Es común criticar entonces al niño interior, reprimirlo. El niño interior entonces, tiene miedo, no confía en la parte adulta, por eso no se abre.
Por el contrario, cuando la personalidad del niño interior está conectada a nuestra personalidad de adulto, se nos hace muy fácil ser personas agradables, alegres, divertirnos, socializarnos y ser más sensibles a los sentimientos de los demás. Según la psicóloga Ma. Teresa Glez. Osorio, comenta que la persona que tiene un niño interior herido revive una y otra vez, los mismos sentimientos de vacío, desilusión, tristeza, rencor, miedos, desconfianza, amargura, etc. en las áreas que tiene afectadas. Tropieza una y otra vez con la misma piedra.
¿Cómo sano a mi niño interno? El primer paso es aceptar; lo que nos hicieron o nos sucedió en el pasado es algo que hoy no se puede cambiar.
El segundo paso es ser responsables; tomar poder aquí y ahora, para dejar de tratar a nuestro niño como nos trataron a nosotros. El momento de poder es siempre en el presente.
El tercer paso es dejar de culparnos; cuando niños no teníamos elección, ahora sí, es muy triste y doloroso si continuamos criticándonos y maltratándonos. Así no hay forma de crecer, de amar, de ser los seres maravillosos que somos y dejar brillar nuestra luz.
El cuarto paso es relacionarnos con el niño; es decir, volver a establecer una relación con nuestro niño desde el amor y la comprensión, que es la mejor forma de sanar nuestra dañada autoestima. Escucharlo, no callarlo, dejar que exprese lo que siente, a pesar del miedo. Permitir a nuestra parte adulta consolar, cuidar a ese niño.
El quinto paso es darle amor; Asegurándole a nuestro niño interior que lo amamos y que no debe temer de nada, ni de nadie, es la mejor manera que tenemos para sanar internamente de nuestros complejos que hemos arrastrado por años y reparar nuestra autoestima.
A ese niño interior hay que prestarle atención, tratarlo como si fuese nuestro hijo. De no sanar esa relación con nosotros mismos tendemos a volcar en nuestros hijos los miedos, frustraciones y temores de ese niño interno, tratando de resolver en ellos lo que no podemos resolver en nosotros. Ese niño/niña queda resentido y es la que sabotea.
“Debemos escuchar al niño que fuimos un día y que existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de instantes mágicos” Paulo Coelho.



