Sandía, melón, durazno y ciruela, cuatro frutas compuestas por más de un 80% de agua, son idóneas para calmar la sed y el apetito, después de nadar, jugar con los niños o simplemente pasear por la orilla de la playa.

Las cuatro frutas de verano seleccionadas tienen una aportación calórica escasa, ronda las 25-50 kcal/100g. A pesar de compartir muchas similitudes, cada una se caracteriza por determinadas peculiaridades:

Sandía
Es la fruta que mayor cantidad de agua contiene, alrededor del 90%-95% de su peso, por lo que su aporte energético es muy bajo (27 kcal por 100 gramos de porción comestible) y tiene pocos macronutrientes, la mayoría de los cuales son hidratos de carbono. Contiene, eso sí, cantidades apreciables de diversas vitaminas y minerales. En su composición, destaca el contenido en licopeno, un carotenoide al que se atribuyen propiedades saludables, como la reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular y de determinados tipos de cáncer, en especial, el de próstata.

Melón
Con una composición nutricional similar a la de la sandía, el melón se distingue por su aporte de vitamina C y ácido fólico. En concreto, 100 gramos de melón proporcionan la mitad de la dosis diaria recomendada de vitamina C. Algunas variedades de melón, como el Cantaloupe, son una de las frutas con mayor contenido en ácido fólico.

Durazno
Esta fruta de piel suave, con aroma y sabor dulce, aporta mucha agua y pocas calorías. Contiene una cantidad significativa de distintos tipos de fibra, que contribuyen a mejorar el tránsito intestinal. De las pequeñas cantidades de vitaminas con que cuenta, destaca la vitamina C. Un durazno promedio cubre el 25% de las ingestas diarias recomendadas de esta vitamina. Su pulpa amarillenta es indicativa de carotenoides, con actividad pro-vitamina A y antioxidante.

Ciruela
Hay más de 200 variedades, aunque las más conocidas se clasifican según su color: las ciruelas amarillas (de sabor ácido y abundante jugo), las rojas (con mucho jugo y un sabor más dulce que las amarillas), las negras y las verdes (firmes, jugosas y muy dulces). Las ciruelas contienen una cantidad importante de fibra que, junto con otros compuestos que estimulan los movimientos peristálticos del intestino, facilitan el tránsito intestinal. Las variedades rojas contienen antocianinas, compuestos con actividad antioxidante.

Se aconseja almacenar la fruta en una hielera. De esta manera, se garantiza el mantenimiento de las condiciones higiénicas y las piezas se pueden consumir frescas.

Durante las horas de playa y después, es imprescindible además beber agua. Para conseguir que el agua se mantenga a una temperatura fresca durante unas horas, se puede congelar una botella con agua la noche anterior. Con el calor del día, en la playa, se descongelará de manera progresiva, pero se mantendrá fría.

Fuente: Eroski Consumer