Por Zita Finol  / Fotografía: David Rojo

Existen múltiples definiciones sobre lo que es la belleza según los consabidos parámetros occidentales, orientales, indígenas, pero lo cierto es que hoy y siempre es algo que básicamente se siente cuando se está frente a ella. ¿Reside en la perfección y armonía que los rasgos guardan entre si? Lo cierto es que existe, es real. ¿Viene de adentro del ser hacia fuera o viceversa?

También a este respecto podrían sustentarse una y mil teorías. ¿Depende de quienes lo miran? Otro misterio.

Si analizamos a vuela pluma, se han escrito mas canciones y alabanzas a los ojos oscuros, árabes, indígenas mesoamericanos, señalando su fuego y embrujo, que a los ojos claros; gustan más los labios suaves y abiertos al beso, que los que acompañan a una nariz nórdica…

Pero insistimos, es el impacto que nos provoca el rostro.

Una cara de ascendencia maya como el que aquí presentamos orgullosamente produce ese impacto, nos habla de una belleza permanente, de una cultura ancestral viviente. ¿Quién no desearía tener cerca un rostro como éste?