La fiesta comenzó en abril
Entraron, dicen, un 20 de abril de 1970. Abrieron brecha, primero a machetazo limpio, y más adelante con las potentes máquinas de Consorcio Caribe, la constructora contratada para realizar el Proyecto Cancún. Tres años antes, con la intención de impulsar el desarrollo económico del país, el Gobierno Federal, a través del Banco de México, había iniciado una serie de investigaciones para determinar desde cuál rubro sería mejor emprender esta iniciativa.
Por Tiziana Roma
Las investigaciones marcaban al turismo como la ruta a tomar. Los hombres del Banco de México se dieron a la tarea de buscar lugares desde dónde promover el primer polo de desarrollo turístico, lo que después llamarían Ciudades integralmente planeadas. Después de sobrevolar el territorio entero y de hacer estudios de diversa índole, llegaron a la conclusión de que Cancún, entre otros cinco lugares más, resultaba ser un punto estratégico dada su ubicación geográfica. Entonces, en 1969, se creó INFRATUR (más adelante FONATUR), el órgano de gobierno que se encargaría de llevar a cabo la misión.
Durante años, Cancún fue llamada “La isla de los hombres solos”. Llegaban de todas partes y todos los niveles, encomendados desde la capital del país para realizar los planes que desde ahí se gestaban. En un despacho en la Ciudad de México, los arquitectos Enrique y Agustín Landa Verdugo, inspirados en los diseños del arquitecto mexicano Mario Pani, autor de la traza urbana en Ciudad Satélite, proyectaban en sus restiradores lo que serían las calles y avenidas de esta nueva ciudad. Lejos habían quedado los tiempos cuando, desde el Viejo Continente, se dirigía la fundación de ciudades en la Nueva España, en donde se determinaba, a partir de ubicar el poder eclesiástico, no sólo la traza urbana reticular, sino un sistema de castas que hasta hoy pervive en provincias de nuestro México Colonial.
Lejos también había quedado la separación de la Iglesia y el Estado, en la que, conforme a la Constitución de 1857, México se proclamaba como un estado laico. Diversos acontecimientos nacionales marcaban, para los ideólogos de este polo turístico, pautas para emprender nuevas rutas urbanísticas. Lo natural, por tanto, era probar modelos más humanos, postulados arquitectónicos que hablaran de los tiempos que se vivían para finales de la década de los 60. Por eso no hubo nunca necesidad de plantar una iglesia frente a un nuestro Palacio Municipal, y mucho menos hacerlo en una ciudad que sería la cabecera de un municipio cuyo nombre sería Benito Juárez, ¡el mismísimo padre de la Reforma!
La creación de Cancún se da desde la mente y talentos de mexicanos, y no de españoles como sucedió en las ciudades que con nostalgia llamamos mexicanas. Podemos decir con certeza que ésta es una ciudad muy mexicana, aunque no compartamos los símbolos culturales que tradicionalmente identificamos como tales. Hay que subrayar que estos símbolos han sido institucionalizados desde el Altiplano y reforzados con campañas de publicidad masivas. Todo esto nos impide reconocer como propios, más allá del mariachi, el nopal y el sarape de Saltillo, lo que nos identifica con la historia del México moderno.
Cancún es profundamente mexicano pues en su territorio están representadas las treinta y dos entidades federativas; es categóricamente cosmopolita: aquí habitan personas provenientes de ciento dos países. Desde su pasado milenario como parte del antiguo cacicazgo de Ecab -aún tenemos vestigios enclavados a lo largo de nuestra zona hotelera-; el paso de los piratas por nuestras costas, que enfatiza de manera indudable nuestra vida hacia el mar Caribe; su importancia dentro de la ruta chiclera -actividad que se desarrolló durante un siglo en nuestro estado y de la cual tenemos testigos a lo largo y ancho del municipio; hasta la particularidad de su creación como Ciudad integralmente planeada, Cancún cuenta con muchos elementos que deben darnos motivo de orgullo y respeto hacia esta ciudad que cumple en abril sus cuarenta y tres –no exentos de problemas- buenos años.
La fiesta comenzó en abril, y hay mucho qué celebrar.



