Cancún-Riviera Maya Wine & Food
El cocinero y el enólogo hacen la mitad del trabajo, colocan el plato o la copa en tus manos. Tu haces el resto. Donde has estado, que has comido, que has bebido, lo que hayas escuchado y de quien lo hayas oído; lo pruebas y tu mente termina de construir una experiencia.
Fotos y texto: Nico Lemus
El Cancún-Riviera Maya Wine & Food Festival tuvo un efecto curioso en mi. Me transportó en cada sorbo y bocado, y casi siempre, al norte del país.
Creo que primero visite Coahuila, el Valle de Parras, este incluso fue un viaje a través del tiempo y sucedió frente al stand de “Casa Madero”. No cabe duda que aplica el dicho, “la primera siempre será la primera”.
Vamos al Distrito Federal, y de paso a mi infancia, gracias al chef Daniel Ovadia quien con un estilo muy jovial, nos sirvió mole de fiesta, con guajolote y humiles. Una visita al mercado de Portales donde los probé por primera vez.
Una de mis principales motivaciones del evento fueron los wine tastings de Monte Xanic. De alguna manera tenia que visitar el Valle de Guadalupe anticipadamente. Con la estrella del año, el Sauvignon Blanc, tienes una excelente oportunidad de sentirte ahí. Destaca también el Cabernet Merlot y no hay palabras para el Gran Ricardo 2006.
Ya que andaba por el norte, valió la pena visitar Tijuana, lo decidí cuando vi al chef Javier Plasencia prender el asador y preparar pulpo al carbón además del chowder de almejas de Baja California.
¡Vinos otra vez! Y en esta ocasión vaya que me lleve una sorpresa. Cabernet Sauvignon Ojos Negros de la Bodega San Rafael. Sin duda alguna, mi favorito. Del Valle de Ojos Negros B.C., pasa 18 meses en barrica de roble; tiene aroma cítrico, cuerpo agradable y acidez balanceada, largo, que a mi parecer es una característica que comparten los tintos de la región.
Norteado, como dicen, entre Mexicali y Guadalajara, probé la birria de almeja del chef Antonio de Livier. Ésta la presencie desde su preparación, la seguí desde la cocina hasta la mesa. Excelente desde luego, pero tiene un extra, la gran personalidad del chef, la dinámica en la degustación e inclusive el uso ingenioso de sus utensilios de cocina durante su presentación complementa la originalidad del platillo.

No encontré mejor ejemplo sobre la idea de que nosotros construimos nuestro gusto por la comida y la bebida, y la importancia del contexto en la gastronomía, que los tintos “Ensamble Arenal” y “Ensamble Colina”. Ambos compuestos idénticamente por Merlot y Cabernet Sauvignon, del Valle de Guadalupe, sin embargo, como su nombre lo indica, provienen de terrenos distintos.
Come más, bebe más, cada vez será mejor, garantizado.






