¿En dónde quedó mi Yo?
Por Lizzy Santoyo
Pareciera que las 24 horas de un día nos resultan insuficientes, que requerimos de más tiempo para realizar nuestros deberes y, si bien nos va, algún pasatiempo. Realizamos varias tareas y, al llegar la noche, no las hemos completado y aún así quedamos exhaustos.
Atender la casa, hijos, trabajo, pendientes y más pendientes. A veces pareciera que la cabeza va a reventar cumpliendo con obligaciones y al finalizar el día, no hubo tiempo para uno. Ese libro siguió cerrado sobre el buró, esa película no se pudo ver y qué decir del tiempo con los hijos, que siempre es poco.
Todo esto es un exquisito caldo de cultivo de emociones nada positivas, como stress, frustración, agobio, ansiedad, agresividad, depresión e incluso puede convertirse en enfermedades psicosomáticas (hipertensión, diabetes y obesidad) ¿Te suenan familiares?.
Lo que se nos ha enseñado es que “el descanso debe ganarse”. Por ejemplo, en la escuela el recreo se gana; en el trabajo, el recreo de los adultos viene siendo la hora de comida, que a veces ni se toma.
Se deja totalmente a un lado lo que uno desea, lo que le resulta placentero y se sustituye completamente por el “deber ser” lleno de exigencias económicas y sociales. Se nos bombardea con mensajes de producir más, de no perder tiempo, convirtiendo lo placentero en sinónimo de perdida de tiempo.
Primero hay que dejar claro algo: el tiempo es algo que transcurre y no se recupera nunca más. Si no se usa sabiamente, deja de ser un medio y se convierte en pérdida. Por ello el dar tu tiempo, es dar un regalo. Cuando se lo das a quienes amas, empezando por ti, estás dando un obsequio invaluable.
Como no existen días de más de 24 horas ¿cómo le puedes hacer para que el tiempo te rinda y tener un poco para ti?
Saca provecho de las horas que tienes disponibles:
1. Elige qué actividades son prioridad a través de una agenda, lo cual te dará un panorama de pendientes. Incluye tiempo para el ocio. Al organizar tu tiempo también ahorras dinero (retrasos en pagos, etc.)
2. Ocúpate primero de lo urgente, después de lo importante. Pregunta qué debe hacerse. ¿Cuándo?
3. Evitar distractores cuando se atiende lo urgente, lo importante y necesario. Difícil pero básico.
4. Aprende a delegar, tus hijos pueden ayudar.
5. Las cosas grandes divídelas en pequeñas partes fáciles de realizar.
Mejora tu capacidad de disfrutar, lo cual te ayuda en la salud mental y física. Y es importante que recuerdes que estar con uno mismo no significa ser egoísta, hay espacio para la familia, la pareja y las obligaciones, lo básico es tener un equilibrio.
Uno debe convertirse en su mejor amigo y eso también requiere un poco de tiempo, al hacerlo mantendrás una mentalidad positiva, por consiguiente la capacidad para resolver conflictos mejorará.
Si esperas a tener esa hora por arte de magia, nunca sucederá. El pretexto típico de “no tengo tiempo” es más bien un “no me hago el tiempo”.
Haz de ese espacio un hábito. Es un momento para estar en contacto contigo mismo, esto brinda armonía a tu ser, y por ende, las relaciones con los demás son más enriquecedoras. Recuerda: No podemos dar a otros lo que no tenemos para nosotros mismos.
Coged las rosas mientras podáis
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta…
Walt Whitman



